Digitalización de la cotidianidad humana

Digitalización de la cotidianidad humana

Por Luis Garcia

En estos días tuve el privilegio de deleitarme con una formidable entrevista que le hizo el sociólogo y periodista español Manuel Campo Vidal, conocido en la República Dominicana, al profesor Manuel Castells, la cual versó en torno a la temática de si era posible la construcción de un mundo nuevo en la actual coyuntura global.

En realidad, más que una entrevista, se constituyó en una especie de diálogo, a partir del impacto global generado tras el surgimiento del coronavirus Covid 19, en un planeta en el que todo está globalizado; estructurado en base a una madeja de circuitos o nodos de conexión.

Una de las cuestiones en la que ambos estuvieron plenamente de acuerdo, consistió en que lo adelante el mundo será distinto al conocido hasta el momento, aunque Castells, reconocido por haber recibido más de una veintena de doctorados Honoris Causa en Europa, Estados Unidos y América Latina; reiteró su posición de que prefería no predecir el futuro, en virtud de que, a su juicio, lo que se puede es analizar el pasado para explicar el presente.

La necesidad de contar con sistemas de salud públicos sólidos y la digitalización del conjunto de las actividades humanas, surgieron como dos aspectos relevantes que habrán de ser imprescindibles en el mundo post Covid 19.

De hecho, este último ha sido fundamental para que la humanidad haya podido ir afrontando con éxito relativo la cotidianidad, y que se ha expresado en el rol desempeñado por las plataformas educativas, en la telemedicina y el teletrabajo, entre otras actividades.

Esta realidad ha prevalecido durante la pandemia, a pesar del choque que se verifica entre la tecnofobia y la tecnofilia.

La primera es el rechazo a lo tecnológico como miedo irracional de dependencia a esto en lo físico y lo emocional; la segunda, radica en la pasión exagerada hacia la tecnología, llegando, en ocasiones, a convertirse en adictiva.

Justo hay que decirlo, antes de la crisis sanitaria, el mundo había cambiado sustancialmente, sobre todo con el acceso masivo y gratuito a Internet, herramienta que posibilita que gran parte de la población mundial pueda disponer de contenidos diversos. Hasta finales del siglo XX, esos contenidos solo eran suministrados por los periodistas o las élites culturales o académicas.

El propósito era seguir el patrón ilustrado de búsqueda y publicación de las verdades que enarbolaban.

La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas ha considerado a Internet como un derecho humano, ya que no solo permite a los individuos ejercer la prerrogativa de opinión y expresión del pensamiento, sino que también forma parte de la capacidad de acceso de la sociedad en su conjunto.

Esa nueva sociedad en red hunde sus raíces en nuevos valores y principios en los ámbitos económico, político, social y cultural. Luego de más de dos siglos de historia para pasar del papiro egipcio al digital de hoy, las tecnologías han venido variando y perfilando la nueva sociedad.

Ahora, la necesidad de la digitalización de la cotidianidad humana se ha acentuado. Antes de que la emergencia del coronavirus llegase, en pocos países las personas que teletrabajaban superaba el 10%.

El modelo que hasta entonces conocíamos, se ha visto alterado, provocando una instauración obligada y a toda prisa de una forma de trabajo a la que los ciudadanos no estaban acostumbrados y que parece que ha venido para quedarse.

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