Entre gallaretas te veréis

Entre gallaretas te veréis

Por Pedro Angel

La mayoría de los que están en la situación que la magistrada Katia Miguelina Jiménez llamó “el paredón” mediático no tienen estrategias (y probablemente ni les interese), para ponerse una sombrilla en la cabeza que sirva muro de contención a la lluvia perniciosa de las opiniones negativas vertidas a través de los medios de comunicación y las redes sociales.

Se encuentren en los tribunales “cogiendo funda”, dicho para que se entiendan, mientras las instituciones judiciales y el implacable látigo de las redes vierten sobre la opinión pública cuanta verdades o pestilencia se escriben en los expedientes.

El general Adán Cáceres, jefe de seguridad del expresidente Danilo Medina, está pasando por un mal momento. Su reputación, antes de ser juzgado, está en el piso. Y no es chiquito lo que podría venir con los jueces a los que verá la cara. Es duro tener tanto poder y de repente estar en una celda incómoda.

Y es que los juicios paralelos que se desarrollan en la opinión pública predisponen a los tomadores de decisiones en la justicia, a los jueces, para dictar sentencias y medidas muchas veces presionadas por el populismo mediático.

Cáceres, un silencioso general del poder, con cara de jovencito imberbe, no tiene estrategia para cubrirse del lodo que tiene encima con las acusaciones de uso ilícito de dinero público, a través un entramado que –según la acusación del Ministerio Público- lo enriqueció desmedidamente.

Los abogados de su entorno hablan como gallaretas, sin estrategia pensada. Dicen lo que entienden cuando ven las deslumbrantes cámaras de televisión frente a ellos y sus pechos se anchan como las aves al mostrar dominio.

Requieren esos “linchados” de la opinión pública estrategias coherentes para quitarse la presión mediática de encima y que sea el debido proceso, imparcial, que los juzgue.

Cáceres debe tomar en cuenta que sus acusadores filtran expedientes con informaciones escritas en papeles que todo lo aguantan. Es la propia Procuraduría General de la República que alimenta el morbo de los medios y la opinión pública, justamente quien lleva la acusación.

Recomiendo a todo el que se va en situación parecida a la del general Cáceres acercar a profesionales de la comunicación para manejar su exposición pública y detener el doloroso látigo mediático que presiona jueces y motiva sentencias muchas veces injustas.

Es mi consejo.

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